Splitt
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El alquiler, la luz, el gas, el internet, Netflix, Spotify, el seguro del coche... Los gastos fijos en pareja son los que más tensión generan precisamente porque son recurrentes. Si este mes uno paga el alquiler y el otro la luz y no lleváis registro, en tres meses ya no sabéis quién va por delante ni cuánto.
La buena noticia es que los gastos fijos son los más fáciles de organizar, porque son predecibles. Con el sistema correcto, pueden pasar de ser un foco de fricción mensual a algo completamente automático.
Un gasto fijo es cualquier gasto que se repite cada mes con un importe igual o similar. En una pareja que convive, los más habituales son:
La mayoría de parejas empieza con un sistema informal: uno paga el alquiler, el otro paga los suministros, y "ya nos cuadramos". El problema es que ese cuadre nunca llega de forma clara.
Pasan tres meses y alguien tiene la sensación de que ha puesto más de lo que le tocaba. Esa sensación, aunque no sea exacta, ya genera tensión. Y lo peor es que sin datos concretos, la conversación se convierte en un juego de "yo creo que..." contra "yo creo que...".
El dinero necesita datos, no memoria. Y los gastos fijos son tan fáciles de registrar que no hay excusa para no hacerlo.
No hay un modelo universal. Lo importante es acordarlo explícitamente, no que uno se adapte en silencio.
Modelo 50/50: Cada gasto fijo se divide exactamente a la mitad, independientemente de los ingresos de cada uno. Es el más simple y el más fácil de llevar, pero puede generar injusticia si los sueldos son muy diferentes.
Modelo proporcional: Cada uno aporta en función de sus ingresos. Si uno gana el 60% del total, paga el 60% de los gastos comunes. Es más justo pero requiere transparencia sobre los sueldos y un cálculo inicial.
Modelo por responsabilidades: Uno paga el alquiler, el otro paga los suministros y las suscripciones. No se paga exactamente lo mismo pero los roles están claros. Funciona bien cuando los importes son similares, mal cuando uno se lleva la mayor parte.
Consejo: El modelo que mejor funciona a largo plazo es el que los dos habéis elegido conscientemente, no el que surgió por inercia. Dedicad 20 minutos a acordarlo y revisadlo cada 6 meses si cambia alguna circunstancia.
El sistema más sencillo para no perder la cuenta es registrar cada gasto fijo en Splitt en el momento en que se produce. Cuando llega el recibo del alquiler y lo paga uno, se añade en la app. Cuando se domicilia la luz, el que tiene la cuenta a su nombre lo apunta.
Splitt calcula automáticamente el balance acumulado entre los dos. En cualquier momento podéis ver cuánto debe uno al otro sin hacer ninguna cuenta mental. Al final del mes, el que va por detrás hace una transferencia por Bizum o efectivo, y el balance vuelve a cero.
Netflix, Spotify, Amazon Prime, HBO, la app del gym, el antivirus... Las suscripciones se acumulan y son fáciles de olvidar porque son pequeñas. Pero sumadas pueden llegar a 40-60€ mensuales.
Si la cuenta de Netflix está a nombre de uno y la de Spotify a nombre del otro, ya es complicado. Si además hay una que paga uno solo porque "es un capricho mío", hay que acordar si entra en el reparto o no.
La solución es hacer una lista una vez al año de todas las suscripciones activas, decidir cuáles son comunes y cuáles personales, y registrar las comunes en Splitt automáticamente cada mes.
Aquí hay dos escuelas:
Compensación mensual: Al final de cada mes, el que debe hace la transferencia. El balance vuelve a cero. Es el más limpio y el que evita que las deudas se acumulen y se conviertan en un problema emocional.
Compensación continua: Cada vez que el balance supera cierto importe (por ejemplo, 50€), se compensa. Funciona bien para parejas con muchos gastos variables además de los fijos.
Para gastos fijos, la compensación mensual es la mejor opción. Es predecible y no requiere estar pendiente de cuándo superar un umbral.
Splitt lleva el balance automáticamente. Sin hojas de cálculo, sin conversaciones incómodas.
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