Splitt
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Netflix, Spotify, el gimnasio, algún software, quizás una IA de pago. Entre los dos podéis acabar pagando ocho o diez suscripciones sin que ninguno tenga la lista completa en la cabeza. El problema no es el gasto individual de cada una, es que sumadas nunca las veis juntas — hasta que las juntáis.
Este es el manual para llevarlas bien: cómo darlas de alta, cómo se reparte cada una y qué avisos automáticos os ahorran tener que revisarlas a mano.
Un gasto normal pasa una vez. Una suscripción se repite cada mes, con el mismo importe casi siempre, hasta que un día sube de precio sin que nadie se dé cuenta o alguien se sigue dando de baja de algo que ya no usa. Meterla como un gasto suelto significa volver a apuntarla cada mes a mano, y ahí es donde se pierden.
El patrón habitual: cada uno se dio de alta en su propia cuenta de streaming antes de vivir juntos, y año y medio después seguís pagando dos Netflix sin haberlo hablado nunca. No es dejadez, es que nadie las junta para verlo.
Una vez dadas de alta, el Asesor de Suscripciones vigila cuatro cosas sin que tengáis que revisar nada:
Aquí está el detalle que marca la diferencia: no todo lo que pagáis cada mes es cancelable con la misma facilidad. El alquiler, el seguro o el transporte no son un capricho que sugerir recortar — Netflix, el gimnasio que no pisáis o una prueba que se os olvidó cancelar, sí. El cálculo de ahorro solo suma lo segundo, nunca lo primero, para que la cifra que veis sea honesta y no un número inflado que no podéis usar para nada.
Y esa cifra de ahorro anual se traduce en algo concreto, no en un número abstracto: según cuánto sumen vuestras suscripciones prescindibles al año, la app os sugiere en qué se traduciría ese dinero — desde unos auriculares hasta una escapada de fin de semana.
Splitt las detecta, las reparte y os avisa de subidas y duplicadas automáticamente.
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