Splitt
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Respuesta directa: antes de la mudanza, decidid tres cosas: qué gastos son comunes, cómo los repartís (a partes iguales o proporcional al sueldo) y dónde los apuntáis para que ambos veáis lo mismo. No hace falta juntar cuentas: cada uno mantiene la suya y registráis los gastos comunes en un sitio compartido. Lo que evita las peleas es la transparencia, no compartir banco.
Irse a vivir juntos es ilusionante, pero el dinero es donde más parejas tropiezan al empezar a convivir. La causa no suele ser el importe, sino la falta de acuerdos claros: quién paga qué, cómo se reparte y dónde queda registrado. Tener esta conversación antes de la mudanza, sin la presión de las facturas ya encima, evita la mayoría de los conflictos. Esta guía te da el sistema completo, paso a paso.
Tres decisiones que conviene cerrar antes de firmar el contrato de alquiler o coger las llaves:
| Modelo | Cómo funciona | Ideal para |
|---|---|---|
| A partes iguales | Cada uno paga el 50% de cada gasto común | Sueldos parecidos |
| Proporcional | Cada uno aporta según su porcentaje de ingresos | Sueldos distintos |
| Bote común | Cada uno mete una cantidad fija al mes a un fondo | Quien prefiere simplicidad |
Es el que menos resentimiento genera cuando hay diferencia de sueldos, y dividir todo al 50% cuando uno gana bastante más suele crear desequilibrio. La idea: cada uno aporta el mismo porcentaje de su ingreso.
Ejemplo: tú ganas 2.000 € y tu pareja 1.000 €. El total es 3.000 €, así que tú cubres dos tercios (66%) de los gastos comunes y tu pareja un tercio (33%). Si los gastos comunes del mes suman 1.500 €, tú pones 1.000 € y tu pareja 500 €. Ambos hacéis un esfuerzo equivalente respecto a lo que ganáis.
Alquiler o hipoteca, luz, agua, gas, internet, compra del súper, productos de limpieza, y el plan de pareja. Apuntadlo todo junto: ver la cifra real del mes ayuda a decidir el reparto con datos, no a ojo.
Son los que pillan por sorpresa: seguro del hogar, comunidad, IBI o tasa de basuras si sois propietarios, el mantenimiento de la caldera, y la primera compra grande del piso (muebles, electrodomésticos). Repartidlos desde el principio para que no aparezcan como una bronca en diciembre.
Este es el paso que de verdad cambia las cosas. Nada de "ya me acuerdo": la memoria es justo lo que genera las discusiones. Cada gasto común se apunta al momento (qué fue, cuánto, quién pagó) en un lugar que ambos veáis. Una app de gastos en pareja lo hace solo y calcula quién debe a quién en tiempo real.
15 minutos al mes: miráis el balance, hacéis una transferencia para cuadrar y listo. Sin deudas acumuladas, sin reproches de hace tres meses. Convertir el dinero en una rutina tranquila es lo contrario de discutir por sorpresa.
No hay una respuesta única. Una cuenta conjunta ayuda con las domiciliaciones (alquiler, suministros), pero no es imprescindible para llevar las cuentas claras, y a muchas parejas que empiezan a convivir les da vértigo juntarlo todo de golpe. La alternativa más usada hoy: cuentas separadas + una app para los gastos comunes. Cada uno mantiene su autonomía y, aun así, los dos ven exactamente lo mismo.
Cuentas separadas + app de gastos: máxima autonomía sin perder transparencia. El modelo más habitual al empezar a convivir.
Cuenta conjunta para lo común: práctica para domiciliaciones, pero requiere disciplina para no mezclar lo personal.
Splitt es gratis, sin anuncios y sin descargar. Apuntáis los gastos comunes y dice quién debe a quién. Reparto igual o proporcional.
Probar Splitt gratis →Una app pensada para parejas automatiza los pasos 3 y 4, que son los que cuestan mantener en el día a día. Splitt está diseñada justo para esto:
Empezar a convivir con un sistema desde el primer día es mucho más fácil que arreglar el lío tres meses después. Si os vais a vivir juntos, este es el momento de montarlo.
Antes de la mudanza, decidid qué gastos son comunes, cómo los repartís (igual o proporcional al sueldo) y dónde los apuntáis para que ambos veáis lo mismo. Cada uno puede mantener su cuenta y registrar los gastos comunes en una app compartida. Lo que evita las peleas es la transparencia.
No es obligatorio. Muchas parejas funcionan con cuentas separadas y un sistema para registrar los gastos comunes. La cuenta conjunta ayuda con domiciliaciones, pero no es imprescindible. Una app como Splitt permite llevar las cuentas claras sin compartir banco.
Con el método proporcional: cada uno aporta el mismo porcentaje de su sueldo. Si uno gana 2.000 € y el otro 1.000 €, el primero asume dos tercios de los gastos comunes y el segundo un tercio. Así el esfuerzo es equivalente.
Los anuales o trimestrales: seguro del hogar, comunidad, IBI o tasa de basuras, mantenimiento de electrodomésticos y la primera compra grande del piso. Anotarlos desde el principio evita sorpresas y discusiones.
¿Os vais a vivir juntos pronto?
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